PARÍS— Un reciente y explosivo informe de la principal organización de defensa del consumidor de Francia reveló que el 100% de los ramos de flores frescas analizados contiene residuos de pesticidas, incluyendo sustancias clasificadas como posibles cancerígenos o disruptores endocrinos. Aunque los reguladores afirman que no hay pruebas concluyentes de daño al consumidor final, las conclusiones del estudio, publicadas en enero de 2025, exponen una preocupante “zona ciega” regulatoria que expone a trabajadores y minoristas a riesgos de salud documentados.
La organización francesa UFC-Que Choisir analizó una variedad de flores –rosas, gerberas y crisantemos—compradas en floristerías y grandes minoristas. Cada ramo contenía contaminantes químicos, con un mínimo de siete y un máximo de 46 residuos diferentes por muestra. En promedio, cada ramo portaba cerca de una docena de sustancias químicas vinculadas a riesgos carcinogénicos o de disrupción hormonal.
Estos hallazgos se hacen eco de pruebas similares realizadas en los Países Bajos, donde se identificaron 71 sustancias tóxicas distintas en solo 13 ramos, incluyendo 28 pesticidas prohibidos por la Unión Europea. Estos tóxicos, utilizados por cultivadores en países como Kenia, Colombia y Ecuador, persisten en las flores frescas cortadas, llegando intactos a los hogares de los consumidores.
La Bomba Química en el Centro de la Mesa
La industria global de las flores cortadas opera bajo un vacío normativo notable. A diferencia de los alimentos, que están sujetos a estrictos Límites Máximos de Residuos (LMR), las flores carecen de regulaciones federales en la mayoría de los mercados occidentales. La lógica ha sido que, dado que las flores no se consumen, los límites de pesticidas son innecesarios, creando una vía libre para que compuestos prohibidos en cultivos comestibles se utilicen liberalmente en invernaderos.
Entre las sustancias detectadas figuraban químicos alarmantes como el carbendazim, asociado a mutaciones genéticas y potencial daño reproductivo; el clorpirifós, vetado en la UE por su neurotoxicidad, y varios organofosforados, la misma familia química del gas nervioso Sarín.
Un estudio danés previo documentó la presencia de iprodiona, un fungicida potencialmente cancerígeno, en flores ornamentales a niveles hasta 50 veces superiores a lo permitido en cultivos de cereales.
El Elevado Costo Humano para los Trabajadores
Mientras que la industria florícola, a través de gremios como la Sociedad Americana de Floristas, sostiene que no hay evidencia de daño al consumidor, la literatura científica cuenta una historia diferente sobre aquellos que manipulan las flores a diario.
Estudios han documentado consistentemente el impacto desproporcionado en los trabajadores agrícolas, especialmente en los países en desarrollo. En Etiopía, por ejemplo, el 67% de los trabajadores de granjas florales reportaron enfermedades respiratorias y el 81% padecieron problemas dermatológicos. Investigaciones de sangre en estos trabajadores han detectado residuos de DDT y otros organoclorados prohibidos.
Los trabajadores filipinos han reportado tasas de morbilidad relacionadas con pesticidas de hasta el 32%, con síntomas que van desde dolores de cabeza y náuseas hasta padecimientos más graves. En Colombia (1990), el personal de floricultura mostró un aumento en las tasas de abortos espontáneos, nacimientos prematuros y defectos congénitos.
“Las barreras en el lugar de trabajo, como la ventilación deficiente en los invernaderos y la falta de equipos de protección, magnifican la exposición a estos vapores químicos para los trabajadores más vulnerables,” explicó el investigador de pesticidas Pierre Lebailly, de la Universidad de Caen.
El Riesgo Documentado de Floristas
Si la exposición del consumidor ocasional se considera incierta, el riesgo para los minoristas de flores se encuentra bien documentado.
Investigadores belgas pidieron a veinte floristas que usaran guantes de algodón durante solo dos a tres horas de trabajo. Las muestras post-examen arrojaron 111 pesticidas distintos, con un promedio de 37 químicos por guante. Un seguimiento con análisis de orina a floristas reveló un promedio de 70 residuos diferentes de pesticidas y sus metabolitos por individuo.
“Los estudios demuestran claramente que, a través del contacto con flores contaminadas, los pesticidas pueden ser absorbidos por la piel y crear un riesgo potencial para la salud,” afirmó Lebailly.
En Francia, un fallo legal reciente reconoció que la hija de una propietaria de floristería falleció de cáncer debido a su exposición crónica a los pesticidas presentes en las flores frescas.
Recomendaciones para el Consumidor Cauteloso
Dado que la investigación sobre el riesgo para el consumidor directo es escasa, los defensores instan a la precaución, especialmente para grupos de riesgo como niños pequeños, mujeres embarazadas o personas inmunocomprometidas.
Para minimizar la exposición, los expertos recomiendan:
- Comprar Local y de Temporada: Las flores domésticas suelen requerir menos pesticidas porque no necesitan sobrevivir a un envío internacional prolongado.
- Investigar las Fuentes: Pregunte a su florista sobre las prácticas de cultivo o busque proveedores con certificaciones orgánicas o como Fair Trade.
- Manipulación Segura: Use guantes al arreglar los ramos y lávese las manos meticulosamente después de tocarlos. Manténgalos lejos de áreas de preparación de alimentos.
- Evitar la Ingesta: Nunca consuma flores ornamentales a menos que estén certificadas específicamente como comestibles.
La presión pública por la transparencia del etiquetado de ingredientes en el sector florícola está creciendo. Mientras tanto, cientos de millones de ramos se intercambian cada año. La incertidumbre científica persiste, pero la presencia de contaminantes en las flores es un hecho conocido y un claro indicio de que los estándares de seguridad deben extenderse más allá de la cadena alimentaria.