MINNEAPOLIS, EE. UU. — La industria floral enfrenta crecientes preocupaciones sobre la exposición diaria de sus trabajadores a altas concentraciones de plaguicidas, un peligro documentado que profesionales del sector están sacando a la luz tras sufrir graves problemas de salud. La decisión de Sarah Chen, de 30 años, de cerrar su exitosa floristería en Minneapolis en diciembre de 2024, tras ocho años de operación y la manifestación de síntomas debilitantes, subraya la urgencia con la que se debe abordar la toxicidad inherente a las flores de corte importadas. Chen, quien experimentó fatiga crónica, dolores de cabeza y náuseas, ahora atribuye sus dolencias al contacto constante con químicos usados para preservar la estética y longevidad de las flores.
El Velo Tóxico del Romance Floral
La belleza inmaculada de un ramo de flores a menudo oculta una “bomba tóxica,” término utilizado por expertos para describir la alta carga de plaguicidas residuales. A diferencia de los productos alimenticios, las flores de corte carecen de regulaciones estrictas sobre límites máximos de residuos de plaguicidas en mercados clave como la Unión Europea, el Reino Unido y Estados Unidos. Esta brecha regulatoria, basada en la premisa de que las flores no se consumen, expone a los floristas y cultivadores a riesgos significativos, ya que los químicos pueden ser absorbidos a través de la piel o inhalados diariamente.
La opacidad de la cadena de suministro agrava el problema. Alrededor del 85% de las flores en países como el Reino Unido provienen de naciones como Kenia, Colombia y Ecuador, donde la supervisión del uso de agroquímicos es notoriamente laxa.
Tragedias y Evidencia Acumulada
La gravedad de la situación salió trágicamente a la luz en Francia, donde el Fondo de Indemnización para Víctimas de Plaguicidas reconoció la conexión entre el cáncer que causó la muerte de Emmy Dubois, de 11 años, en 2022, y la exposición de su madre —una florista— a estos químicos durante el embarazo.
Investigaciones como la realizada por Jean-Noël Jouzel y Giovanni Prete han documentado el patrón inquietante de enfermedades entre los hijos de floristas. Aunque la causalidad directa es difícil de establecer categóricamente, la similitud en los casos de cáncer y trastornos del neurodesarrollo sugiere una correlación preocupante.
Estudios científicos limitados refuerzan estas alarmas:
- Un análisis de 2018 detectó 107 plaguicidas diferentes en 90 ramos de flores.
- Hasta 70 de estos químicos fueron hallados en la orina de los floristas encuestados, incluso cuando usaban doble guante.
- La exposición a un solo plaguicida, la clofentezina (un posible carcinógeno humano), superaba en más de cuatro veces el umbral aceptable.
El profesor Michael Eddleston, especialista en toxicología clínica, señala que, a falta de supervisión regulatoria específica, la industria floral carece de incentivos para mitigar el uso agresivo de químicos, una realidad contrastante con otros sectores como el algodón.
La Crisis del Desconocimiento Profesional
La mayoría de los floristas, incluso aquellos con décadas de experiencia, carecen de información sobre los riesgos. James Mitchell, dueño de Kensington Blooms en Londres, comentó que el tema de la toxicidad nunca se ha discutido en el gremio. Muchos trabajadores manejan las flores con las manos desnudas, ignorando que el contacto sistemático puede causar graves daños hepáticos o neurológicos, como sugieren los recientes análisis de sangre de Sarah Chen.
La Asociación Británica de Floristas (BFA) sí emite guías de salud y seguridad, pero son accesibles solo a miembros de pago, creando una importante brecha educativa para la mayoría de los trabajadores, que aprenden el oficio de manera informal.
Lento Progreso y Soluciones Prácticas
La indignación pública generada por los casos como el de Emmy Dubois ha forzado la atención gubernamental. Francia lanzó un estudio para evaluar la exposición de los trabajadores florales que podría culminar en la primera reglamentación de límites máximos de residuos en flores a nivel europeo.
Mientras tanto, los expertos y profesionales proponen medidas inmediatas para mitigar la exposición:
- Uso Consistente de EPP: Insistir en el uso de guantes y mascarillas, incluso para tareas cotidianas.
- Mejorar la Ventilación: Instalar purificadores de aire y asegurar una ventilación óptima en los espacios de trabajo.
- Suministro Local: Intentar adquirir flores cultivadas localmente y de manera sostenible, pues su cadena de suministro suele ser más transparente y menos dependiente de químicos agresivos.
- Formación Obligatoria: Implementar programas de concientización y formación sobre riesgos químicos para todos los nuevos y actuales empleados del sector.
Nick Mole, de Pesticide Action Network, subraya la dificultad de establecer una conexión directa “ramo-cáncer”, pero insiste en investigar a fondo el alto índice de problemas de salud documentados.
El testimonio de Chen, quien mejoró dramáticamente al dejar el negocio, sirve como un crudo recordatorio: “Si amas lo que haces, vale la pena continuar, siempre y cuando puedas hacerlo de una manera saludable,” pero advierte: “Hay un lado muy oscuro de la floristería del que nadie habla.” La ausencia de datos concretos y la reticencia de algunas asociaciones a debatir el tema, como señaló Michael Eddleston, hacen imprescindible una investigación a gran escala para proteger a los miles de profesionales que embellecen nuestros espacios con flores.